Alejandra Pizarnik: la de tierno corazón guerrero
Flora Alejandra Pizarnik (1936 - 1972), nació en el seno de una familia de inmigrantes ucranianos-judíos de apellido Pozharnik, quienes al huir de la Segunda Guerra Mundial e instalarse en Argentina, perdieron el apellido original el cual mutó a Pizarnik. La mayoría de sus familiares europeos fueron asesinados en el holocausto.
Alejandra fue la segunda hija del matrimonio, antecedida por su hermana Myriam.
La adolescencia de la poeta estuvo marcada por varios sucesos que le impedían desempeñarse con comodidad ante el mundo como fueron sus problemas de acné, seguidos por asma y un período de tartamudez que se desató debido al estrés generado por otras preocupaciones.
Al terminar la secundaria, Alejandra se matriculó en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires y en la Escuela de Periodismo. Sin embargo, dejó de un lado el periodismo para priorizar sus intereses artísticos.
Debido a su autoexigencia, Pizarnik era incapaz de permanecer en un sitio, así que abandonó la educación universitaria para entregarse únicamente a su escritura.
Entre 1960 y 1964 vivió en París, donde trabajó para la revista Cuadernos, realizó traducciones y críticas literarias y prosiguió su formación en la prestigiosa universidad de La Sorbona.
Asimismo, formó parte del comité de colaboradores extranjeros de Les Lettres Nouvelles y de otras revistas europeas y latinoamericanas. Durante sus años en Francia comenzó su amistad con el escritor Julio Cortázar y con el poeta mexicano Octavio Paz, que escribió el prólogo de su libro de poemas Árbol de Diana (1962).
Pizarnik también se adjudicó las prestigiosas becas Guggenheim (1969) y Fullbright (1971), que, sin embargo, no llegó a completar.
Los últimos años de su vida estuvieron marcados por serias crisis depresivas que la llevaron a intentar suicidarse en varias ocasiones. Pasó sus últimos meses internada en un centro psiquiátrico bonaerense.
Sus últimos versos fueron: “No quiero ir / nada más / que hasta el fondo”, escritos con tiza en la pizarra de su habitación. Posteriormente, ingirió cincuenta pastillas de Seconal sódico y murió a los 36 años.
Actualmente, sigue representando una de las mayores exponentes de la poesía latinoamericana, posicionándose junto a otros referentes mundiales como Gabriela Mistral, Sylvia Plath, Alfonsina Storni y muchas más.
Bibliografía
Piña, C., Venti, P. Alejandra Pizarnik. Biografía de un mito. Lumen. 2022.



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