Reseña "Hombres, los odio"
[ʀᴇsᴇÑᴀ]
•ᴛɪᴛᴜʟᴏ: Hombres, los odio
•ᴀᴜᴛᴏʀᴀ: Pauline Harmange
•ᴇᴅɪᴛᴏʀɪᴀʟ: Paidós
•ᴘÁɢɪɴᴀs: 128
Pero ¿y si desconfiar de los hombres, que no nos gusten? y sí, tal vez incluso odiarlos?, es, en realidad, una buena respuesta frente al machismo? ¿Y si esta respuesta ofrece una salida a la opresión y se convierte en una forma de resistencia? ¿Y si incluso allana el camino hacia el bienestar, la solidaridad y la sororidad?
En este ensayo tan iconoclasta y provocador como urgente y riguroso, Pauline Harmange cuestiona las actitudes contemporáneas hacia el feminismo y se impone como portavoz de un grito de guerra para que las mujeres encuentren un amor más valioso entre ellas y para ellas.
Sobre la autora: Pauline Harmange es una activista y escritora feminista francesa. “Hombres, los odio” fue su primer libro, publicado en francés como Moi les hommes, je les déteste. Este ensayo fue censurado en Francia por parte de un asesor del Ministerio de Igualdad galo. Como resultado, las ventas se dispararon, los derechos franceses fueron adquiridos por Éditons du Seuil y los extranjeros por editoriales de todo el mundo.
Reseña: Soy misándrica. A ver, no me malentiendan, ¿es ser misándrica el símil a ser misógino? Según la autora, no.
La misandría nace como un sentimiento negativo hacia el género masculino en su conjunto (más precisamente, hacia hombres cis hetero), a causa del problema que suponen para la sociedad como grupo y sus actitudes machistas y sexistas. ¿Es la misandria, por tanto, comparable a la misoginia? No, porque la misandria es un sentimiento de rabia generalizado, que no obstante, no nos lleva a asesinar a hombres por su género. “Si aceptamos que la misandria es la característica de quien odia a los hombres y la misoginia la de quien odia a las mujeres, debemos admitir que, en realidad, estos dos conceptos no son equiparables, tanto si nos fijamos en la peligrosidad que representan para sus víctimas como en los medios que se emplean para expresar dicho odio. No se pueden comparar, sencillamente porque la primera sólo existe en respuesta a la segunda”.
Ahora bien ¿no es entonces contraproducente, odiar a los hombres y ser feminista, cuando lo que buscamos es la igualdad? Pues no, porque las feministas no buscamos exclusivamente la igualdad, y si de igualdad se trata, no somos iguales. El feminismo debe articularse con todas las luchas sociales y de liberación de las -mal llamadas- minorías, en donde el androcentrismo y patriarcado en alianza al capital, dominan. Las feministas buscamos reconstruir la sociedad en base a la justicia. Y, sí, es necesaria la involucración de los hombres heterocis, pero desde una posición de autocuestionamiento de sus privilegios y como mero observador (lo que no implica que no puedan involucrarse en otras luchas sociales, están en todo su derecho).
Pero, ¿qué sucede cuando las feministas tenemos relaciones sexo-afectivas con hombres? Como feministas debemos construir y reconstruir el amor desde el feminismo. Deconstruirse es trabajo de ellos, pero nosotras también podemos contribuir en ese cambio.
Finalmente, reconocernos como misandricas no debería ser motivo de vergüenza, refugiarse en redes de apoyo feministas es nuestra mejor revolución, porque al fin y al cabo nos tenemos las unas a las otras y entendemos nuestra rabia internalizada que al fin explotó.
Opinión personal: Este libro/ensayo me gustó mucho. No obstante, hay varias cosas que aún me siguen dando vuelta, o más bien, aún no sé cómo explicarlas. Debo confesar que no me defino como misandrica, pero siempre digo que odio a los hombres, aunque sea en broma (y muchas veces, no es en broma) porque como mujer feminista entiendo la rabia internalizada que a veces aflora contra los hombres que simplemente, no quieren entender. ¿Qué opinan ustedes?
De todas formas, es un libro que recomiendo a todas, todos y todes. Creo que es muy necesario que los hombres lo lean, y no desde una postura defensiva y negativa, sino desde la compresión, intentar entender ¿por qué? Quizás es muy simplista decir “no todos los hombres son iguales”, pero la mayoría de los femicidas son hombres, la mayoría de los violadores son hombres y, admitámoslo, la mayoría de los hombres se han hecho partícipes del mansplaining, el acoso y un sinfín de violencias de género que sufrimos a diario las mujeres.
Les recuerdo ir a revisar el post en mi bookstagram 💖.



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